|| Eurosalud | Sexo :: Evolución del deseo sexual


El deseo sexual también plantea cuestiones acerca de la integridad del individuo y las relaciones de género estables. Algunos teóricos argumentan que no nacemos simplemente con nuestras identidades sexuales y de género, sino que nos vemos obligados a interpretarlas una y otra vez sin llegar nunca a representar nuestros papeles con exactitud.

Los espectáculos de drag queens sacan a la luz esta artificialidad de la forma más descarada, pero todos representamos nuestra identidad en nuestra vida cotidiana. Un ejemplo histórico podría ser el monje medieval que debía definirse a sí mismo como célibe y moralmente superior, aunque estuviese constantemente obsesionado por las “mujeres perdidas”. Las mujeres descarriadas se convirtieron en el blanco a confrontar con el que definían su idea de la virtud en discursos y oraciones, pero ellos mismos no consiguieron deshacerse del todo de su imagen.

El deseo sexual plantea problemas para el individuo en varias formas más interesantes que la cuestión de identidad. Algunos se basan en la sexualidad y las fronteras físicas para sugerir que la sexualidad se ha entendido en términos de lo que el yo esconde.

En el siglo XIX las feministas defensoras de la pureza social proclamaban la castidad como vía para que las mujeres descubriesen su autonomía. A finales del siglo XIX los pensadores comenzaron a apartarse de la idea del yo unificado para considerar el deseo sexual como una forma de energía capaz de dividir al sujeto.

Ya en el siglo XX es cuando se contempla el deseo como forma de energía, casi como una fuerza abstracta exenta e incontrolable por el propio yo racional...

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