|| Eurosalud | Enfermedades :: Vigorexia: ¿Cómo detectarlo?


Al aumentar la actividad, las endorfinas se elevan, proporcionando sensación de bienestar y no avisando del posible exceso en el que se está cayendo, con riesgo de lesiones en huesos y articulaciones. Podemos afirmar que el gimnasio se convierte en la segunda casa del vigoréxico.

Progresivamente necesitan cantidades superiores de anabolizantes, los cuales provocan alteraciones hormonales, entre otros problemas. Es complicado establecer el límite entre una práctica saludable y una exagerada, pero cuando personas no profesionales, se pasan de 3-4 horas al día en la práctica del deporte o el gimnasio, despreocupándose de sus obligaciones habituales, y con repercusiones sobre su salud, la conducta resulta sospechosa.

Se observa una fenómeno característico de los vigoréxicos que es su mayor inclinación a grabarse tatuajes precisamente en los puntos donde la musculatura es más marcada, buscando los cambios que se producen al contraerla, como una forma más de no pasar desapercibido, de autoafirmarse.

Tienen frecuentes trastornos del humor y de la ansiedad que se relacionan con su constante insatisfacción. Exhiben actitudes y creencia estereotipadas acerca de la masculinidad o de lo que consideran varonil y carecen de confianza en sí mismos.

Los chicos desde bien pequeños se preocupan por su musculatura. Entre los 5 y 8 años quieren ser más altos y luego, entre los 8-11, más musculosos. A partir de los 12 años con el objetivo de cambiar su cuerpo, la estrategia es hacer ejercicio. Esta búsqueda de masa muscular se asocia con baja autoestima y niveles superiores de depresión, algo observado entre los culturistas, pero no en los levantadores de pesas, puesto que estos últimos ofrecen un perfil similar al de las personas normales. La diferencia quizá radique en que en los culturistas el foco de búsqueda está centrado en la masculinidad, mientras que en los levantadores de pesas está en la fuerza....

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